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García Lorca. Ochenta años. Manuel Tirado

Ochenta años. Ochenta años hace ya de aquella fatídica noche de agosto de 1936 en la que asesinaron al poeta Federico García Lorca. Ochenta años en que “se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada”, como dejó escrito Antonio Machado, otra víctima del régimen franquista, que murió solo y exiliado en Colliure, tres años más tarde del comienzo de la contienda. Ochenta años y Federico sigue siendo un poeta sin tumba, un poeta enterrado en una fosa común, como muchos otros represaliados durante la Guerra Civil, esas fosas comunes que son un vestigio más de ese castigo que los vencedores impusieron sobre los vencidos, que trataron de relegar a la masa, a lo desconocido, al ingente amontonamiento de cadáveres apilados, los nombres de cientos de personas que dieron su vida por la libertad y la democracia en este país.

Afortunadamente el nombre de García Lorca no se le olvidó a nadie por mucho que lo trataron de silenciar, porque su poesía quedó como testigo de su existencia y de su genialidad.

No soy muy adepto a los homenajes rimbombantes cuando de poetas se trata, ya que siempre he pensado que el mejor homenaje que se le puede hacer a un poeta es leer sus versos y tampoco me acerco a la obra de un poeta sólo por su ideología o por su azarosa biografía, pero el caso de Lorca es especial. Y además es representativo, ya que podemos hacer una analogía perfecta con la Segunda República Española; en ambos casos nos viene a la perfección la frase: “lo que pudo ser y no dejaron que fuese”.

Cuando no llegaba ni a los cuarenta años de edad cortaron la vida y la obra de un poeta que había llegado a unas cotas de lirismo excepcionales y con su asesinato no nos dejaron disfrutar de su futuras, y ya imposibles, obras. Con la República pasó lo mismo. No dejaron florecer ese grito de libertad del pueblo, esa explosión de júbilo y cultura que se vio reflejada en las misiones pedagógicas y en experimentos teatrales como 'La Barraca', etc, ya que tras unos pocos años de luz reflejados en la República, llegaron más de cuarenta años de oscuridad, de dictadura, de “pan y cebolla”, como diría Miguel Hernández, cuarenta años de nacionalcatolicismo del que desgraciadamente todavía sufrimos las consecuencias.

Porque Lorca representaba todo los contrario a esa España negra descrita por Solana en sus cuadros, de esa España de incienso y procesión, de achicoria y martes de carnaval, de curas sentados a la mesa del señorito del pueblo dilucidando el futuro de las almas de los pobres jornaleros. ¡Ojo! Y Lorca participó de los clichés que se relacionaban con la España de siempre, esa España de toreros y cantaores de flamenco que tanto buscan hoy en día los guiris en las cuevas del Sacromonte granadino.

Lorca, Poeta maldito.

Pero la visión de Lorca de España y de Andalucía era totalmente distinta a la habitual. Así lo dejó escrito Francisco Umbral en su libro 'Lorca, poeta maldito', donde se esboza la idea de que Lorca fue el único poeta maldito de la poesía española, precisamente porque “es el cantor de las tres grandes razas postergadas de nuestra civilización: los gitanos, los negros y los homosexuales.

Lorca, en Granada, está con los gitanos frente a la Guardia Civil, frente al orden establecido. Lorca,

En Nueva York, está con los negros, está con Harlem frente a Wall Street. Lorca, en su Oda a Walt Whitman y en sus Sonetos del amor oscuro, libro póstumo, mítico e inédito, canta a la pasión que no se atreve a decir su nombre. Lorca es, radicalmente, un hombre en contra”. Y ahí es donde radica la diferencia.

Este es el Lorca revolucionario, el Lorca que mataron por rojo y homosexual, el Lorca tan lejano de esa España que trajeron Franco y los curas, esos mismos que trataron de vestirlo y simplificarlo a la imagen del voluble señorito andaluz que tocaba el piano y escuchaba la guitarra. Lorca es el poeta de los olvidados, de los reprimidos, de los perseguidos, de los que se sienten “asesinados por el cielo”, de los que no caben en esta sociedad por amar distinto, por ser distintos.

Es normal que quisieran acallar su voz. Es normal que los que “le dieron café”, quisieran enterrar su memoria en esa fosa común del olvido. Pero no lo consiguieron. Y hoy, ochenta años después, Lorca sigue más vivo que nunca en sus versos, en sus conferencias, en sus obras de teatro.... Porque el arte hace al poeta superar la muerte y la memoria siempre será el paraíso del que nadie podrá expulsar a nadie.

Fuente: nuevatribuna

 

Lorca: el poeta sin tumba

Tras dos intentos fallidos, en septiembre comienza la tercera búsqueda de sus restos y los de sus compañeros en la muerte

El poeta se había refugiado en casa de su amigo Luis Rosales porque creía que la pertenencia de los cinco hermanos a la Falange lo protegería. No fue así. En la tarde del 16 de agosto de 1936 se lo llevaron detenido al Gobierno Civil de Granada.

De allí lo sacaron al día siguiente en dirección al frente. Lo mataron a tiros de madrugada, en algún punto del camino entre Víznar y Alfacar. Por «rojo», por «maricón» o por rencillas familiares, según quien lo diga. Lo enterraron junto a un maestro nacional y dos banderilleros anarquistas hace 80 años. Y todavía lo andan buscando.

Quizá Federico García Lorca nunca tenga una tumba. Al menos, no una sobre la que se pueda dejar unas flores o una nota, como las de William Shakespeare, Oscar Wilde o Antonio Machado. Y no por falta de admiradores dispuestos a peregrinar hasta el panteón: el autor de «Poeta en Nueva York» es, posiblemente, el escritor español más universal después de Cervantes, el símbolo del horror de nuestra Guerra Civil en todo el mundo.

Pero la opinión de la familia es terminante: si algún día se encuentran sus huesos, se quedarán donde están. Es uno más. «No necesitamos saber detalles, cuántos tiros le dieron a Federico», dijo una vez Laura García Lorca, una de las cuatro sobrinas vivas, que no ha querido participar en este reportaje. La fundación que dirige negocia estos días el traslado de todo su patrimonio al Centro Lorca, un edificio de 23 millones de euros en pleno centro de la capital de la Alhambra.

Oposición de la familia

El escritor Luis García Montero defiende la postura de las herederas: sería una forma de proteger de la especulación urbanística a las víctimas de la sublevación fascista cuyos cadáveres se hallan también en estos parajes, entre 300 y 8.000, según la fuente. «Las leyes cambian, las corporaciones cambian, los políticos se venden, y ese lugar solo permanecerá defendido por el recuerdo de Lorca», afirma.

No todo el mundo lo ve así. El historiador Miguel Caballero, impulsor de la excavación que comenzará a mediados de septiembre en busca de los restos del maestro Dióscoro Galindo, su camarada en la muerte, recuerda que esa zona tiene doble protección, como parte del Parque Natural de la Sierra de Huétor y como vía pecuaria.

Cree que detrás de la oposición de la familia hay un interés económico: según sus cálculos, las obras del escritor pasarán al dominio público el 1 de enero de 2022, 80 años después de la inscripción de su fallecimiento en 1941; si se encuentra el cuerpo y un juez ordena un nuevo registro con la fecha correcta, 1936, la familia perdería cinco años de los suculentos derechos de autor de un artista cuya obra literaria, musical y plástica sigue siendo reeditada, representada e interpretada por todo el mundo. «Lorca se ha convertido en una marca comercial», lamenta.

«Socialista y masón»

Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre el motivo del asesinato. Hace unos meses salió a la luz un informe policial elaborado en 1965 a petición de la escritora francesa Marcelle Auclair –nunca lo recibió– en el que las autoridades franquistas reconocían que Federico fue ejecutado por «socialista y masón» y por «homosexualismo».

Aunque no militó en ningún partido, el poeta de Fuente Vaqueros era un firme defensor de la República, para la que trabajó como vocal de la Junta Nacional de Música y Teatro y como secretario del ministro Fernando de los Ríos. El alcalde de Granada, Manuel Fernández Montesinos, fusilado pocas horas antes que él frente a las tapias del cementerio, estaba casado con su hermana Concha.

Hay quien sostiene que algunas de sus obras habían levantado ampollas: una de las piezas de «Romancero gitano» molestó a la Guardia Civil y con «La casa de Bernarda Alba» ofendió a unos parientes con los que su padre, próspero hombre de negocios, mantenía una disputa por lindes de tierras. En el pelotón de fusilamiento había dos familiares lejanos.

La noticia tuvo eco mundial. En octubre de ese mismo año, H. G. Wells, presidente del PEN Club de Londres, pidió explicaciones al Gobierno Militar. La búsqueda de sus restos la inició en 1948 el investigador galo Claude Couffon, en 1949 la continuó el británico Gerald Brenan y en 1955, el norteamericano Agustín Penon.

Hace medio siglo, el hispanista irlandés Ian Gibson también comenzó una incansable misión que aún no ha cesado: en base al testimonio que le ofreció Manolo «El Comunista», que aseguraba haber participado en el enterramiento, la Junta de Andalucía realizó en 2009 la primera excavación en Fuente Grande, junto al parque en memoria de poeta. Removieron miles de metros cúbicos de tierra durante más de dos meses. Ni rastro.

Cinco años después, otro equipo, en esta ocasión encabezado por Caballero, volvió a intentarlo en los Llanos de Corbera, a 400 metros del sitio anterior. La ubicación fue elegida esta vez siguiendo los testimonios recogidos por el investigador Eduardo Molina Fajardo, que sitúa allí la plaza de armas donde formaban las tropas. Para el historiador, es más probable que los testigos de aquellos hechos trágicos –hoy todos muertos– dijeran la verdad a alguien del bando franquista, como ellos, que a unos investigadores extranjeros.

Otra pista que guió al equipo no vino de la parte de los asesinos, sino de las víctimas: Isabel García Lorca, hermana pequeña del poeta, dirigió en 1998 una carta indignada al alcalde de Alfacar –con copia al presidente de la Junta y al «New York Times»– quejándose de la «afrenta» que suponía el plan de construir allí un campo de fútbol y una urbanización, «justo donde fueron a caer miles de hombres asesinados (...). También está ahí mi hermano».

Las obras se pararon. En noviembre de 2014 se realizó la segunda excavación. De nuevo, decepcionante. Ahora, el mismo equipo vuelve a la carga. Los investigadores han confrontado los testimonios orales con cientos de fotografías aéreas realizadas en 1937 por la República, y en 1945 y 1956 por el Ejército de Estados Unidos, imágenes de prensa e incluso la acuarela de un artista. Han registrado cada olivo arrancado, cada cambio del terreno. Y realizaron un nuevo estudio de georradar que detectó, a solo 20 metros de la zona ya levantada en 2014, tres pozos de agua fallidos.

Tercer intento

Cuentan con luz verde del Ayuntamiento de Alfacar y del parque natural. Y con la mayor parte de los 33.000 euros que necesitan para cavar en un área de 18 por 24 metros y a una profundidad de 4 a 7. Las donaciones llegaron de todo el mundo a través del «crowdfunding» y la  aportará 5.000 euros.

En alguno de esos pozos esperan encontrar los cuatro cadáveres. «No vamos a saltar por encima de la voluntad de ninguna familia», subraya Miguel Caballero. Si hay huesos, tomarán muestras de ADN de cada cuerpo y las cotejarán con los familiares que se presten; ya disponen de material genético de una nieta de Galindo, el único al que podrían exhumar. Si aciertan, a uno de los cadáveres le faltará una pierna –el maestro de Pulianas era cojo– y otro tendrá un defecto en los pies y un cráneo algo más grande de lo normal. Ese sería Federico, la leyenda.

Fuente: ABC


Federico García Lorca, 80 años después de su fusilamiento, sigue siendo noticia

Repetimos los versos de Lorca todo el tiempo. “Verde que te quiero verde”, decimos, dicen, sobre todo los hinchas de equipos de fútbol de uniforme verde, sin saber que la frase viene de un poema suyo, de Lorca: ‘Romance sonámbulo’.

Verde que te quiero verde/Verde viento/ Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña… Verde que te quiero verde/ grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba…

 

Sus versos dejaron de ser suyos, para ser, entonces, los versos del pueblo. Y ahí, dice la poetisa venezolana radicada en Cali Betsimar Sepúlveda, está parte de su inmortalidad.

Porque 80 años después de su fusilamiento (19 de agosto de 1936) seguimos recordando a Lorca.

 

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Federico García Lorca todavía es noticia. La más reciente se conoció hace apenas días. Según la Asociación Verdad, Justicia y Reparación existe un corral de ganado, un establo, en la zona Peñón del Colorado de Alfacar, en Granada, España, donde estarían sus restos.

En el comunicado de prensa, la Asociación explica que todo el terreno podría estar repleto de fosas comunes de la Guerra Civil española en las que se podrían encontrar los despojos de unos 2000 desaparecidos, víctimas del franquismo.

 

La Asociación Regreso con Honor, que se encarga justamente de buscar esas fosas comunes de la Guerra Civil, anunció que en septiembre próximo iniciará las excavaciones para además de dar con los restos del poeta, encontrar también a quienes, al parecer, estaban junto a él cuando lo fusilaron: el maestro de escuela Dióscoro Galindo y los banderilleros Joaquín Arcollas Cabezas y Francisco Galadí.

 

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Lorca murió muy joven, 38 años, y sin embargo, ya era un poeta mundialmente conocido. Nació el 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros, un municipio de Granada, y a los 17 tocaba el piano y estudiaba Filosofía, Letras y Derecho. En 1928 fundó una revista, Gallo, y en 1931 un grupo de teatro universitario con el que recorrió su país, La Barraca.

Y claro, escribía. Su primer libro en prosa fue ‘Impresiones y paisajes’ (1918), y diez años después publicaría ‘Primer romancero gitano’, que tuvo muy buena crítica y sobre todo, lectores. Versos con un tono muy local, la cultura gitana, el folclor andaluz. “Poeta costumbrista”, lo empezaron a llamar. Y a él eso le incomodó.

 

“Los gitanos son un tema. Y nada más. Yo podía ser lo mismo poeta de agujas de coser o de paisajes hidráulicos”, escribió. “No quiero que me encasillen. Siento que me van echando cadenas”.

 

Tal vez por eso ‘Poeta en Nueva York’, el poemario que escribió entre 1929 y 1931, contiene a otro Lorca, más moderno, más vanguardista, escribiendo de la manera que nadie más lo había hecho hasta ese momento, dice el escritor José Zuleta.

 

Aunque Lorca no solo era poeta, no solo era dramaturgo. También fue un gran dibujante, ensayista. Un artista integral, le ‘encasillan’. Entre sus amigos estaban Luis Buñuel, Salvador Dalí, el poeta Juan Ramón Jiménez y el compositor Manuel de Falla y tantos otros intelectuales de distintas artes que pudieron influenciarlo.

 

Cuando Lorca regresó a España en 1934 después de un viaje a Nueva York, Cuba, Argentina y Uruguay, la política se empezaba a caldear. Él, mientras tanto, utilizaba su obra para sentar una posición, para decir lo que pensaba.

 

Durante dos años recorrió España con La Barraca, presentando montajes que representaban, como dice el dramaturgo y director del teatro Esquina Latina de Cali, Orlando Cajamarca, no a los que hacían las leyes, sino a quienes debían soportarlas. Un mes antes de su muerte Lorca escribió ‘La casa de Bernarda Alba’ que retrata el machismo de la sociedad española de entonces y de la humanidad entera, por ejemplo, cuando ser homosexual era (¿era?) una ofensa. La militancia que, tal vez,  incomodó a ciertos generales.

 

El 14 de julio de 1936 Lorca llegó a Huerta de San Vicente, la finca de la familia. Tres días después se produjo la sublevación militar contra La República, el régimen democrático que dirigía a la España de entonces. El 20 de julio sucedió la toma de Granada. Al frente de los militares golpistas estaba un hombre llamado Francisco Franco, quien recibiría apoyo de otros dictadores, Hitler y Mussolini. Fue cuando empezó la Guerra Civil Española. Cuando terminó, en 1939, se inició la dictadura franquista que duró 36 años.

 

Según su biógrafo, Ian Gibson, a Lorca, entonces, lo  acusaron de espía, secretario del dirigente de izquierda Fernando de los Ríos y homosexual. Esas eran ‘razones’ suficientes para detenerlo. En un pueblo de la provincia de Granada llamado Víznar pasó encarcelado su última noche. El 19 de agosto lo fusilaron. Su cuerpo fue arrojado a una fosa hasta ahora desconocida.

 

Según la historia, Juan Luis Trescastro, uno de sus ejecutores y familiar del padre de Lorca, dijo haberle pegado dos tiros en las nalgas “por maricón”.

 

Gibson, en una entrevista concedida al periodista Alejandro Torrús, del diario Público, agregó sobre la muerte de Lorca.

 

- Lo mataron por rojo, por homosexual y también por envidia. La envidia mata. Sin televisión, el poeta ya era un hombre famoso y una figura internacional. Había triunfado en Buenos Aires y en Nueva York. El Defensor de Granada, diario progresista, lo pone por las nubes. El Ideal, el periódico de editorial católica, ni menciona a Lorca. Ya hay una Guerra Civil en la prensa. Además, tiene en contra la historia de su familia. Su padre era un terrateniente muy rico gracias a la remolacha de azúcar, pero era un liberal, muy amigo de Fernando de los Ríos, que tenía enemigos mortales dentro de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Obviamente, Franco no mató a Lorca personalmente, pero lo mató el nuevo régimen. Y, ojo, Lorca ayudó a derribar el régimen de Franco. Tras años de censura, el régimen tuvo que publicar las obras de Lorca. Había un clamor para leer a Lorca y Franco tuvo que ceder. Se rindió y dio permiso a Aguilar para publicar las obras completas, que luego no eran completas.

 

El escritor Juan Gustavo Cobo Borda, quien escribió una semblanza de Lorca que se encuentra en un libro publicado por la Universidad Autónoma de Bucaramanga, ‘Retrato de poetas’, dice que en el caso de la muerte de Federico en realidad tuvo que ver todo: su homosexualidad en la época, pertenecer a una clase española pudiente, ser un señorito que se había formado en la famosa Residencia de Estudiantes en Madrid. Aquello lo hacía sospechoso en la España de entonces, lo ponía en la mira de ciertos militares y de los ‘bien pensantes’. Como una cruz de la que no lo pudieron salvar ni siquiera amigos como el poeta Leopoldo Panero, que era pariente de  Carmen Polo,  la esposa de Franco.

 

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Si muero, dejad el balcón abierto. /El niño come naranjas. (Desde mi balcón lo veo)./El segador siega el trigo. (Desde mi balcón lo siento). /¡Si muero, dejad el balcón abierto!

 

‘Despedida’, de Federico García Lorca.

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Cuando la poetisa Betsimar Sepúlveda escuchó la frase que se repite como refrán popular, “verde que te quiero verde”, quiso saber su origen. Un niño es, sobre todo, alguien curioso. Y como en su niñez no había Internet, se fue a los libros. Entonces descubrió a Lorca. Y lo que primero le llamó la atención fue la musicalidad de sus versos. Federico, por cierto, también era músico.

- Quedé atrapada en ese  ritmo. Y luego por supuesto me identifiqué con sus luchas, con su militancia política, de género, y quedé prendida no solamente del Lorca como poeta, sino del Lorca como hombre. Cada autor tiene una especie de escritor totémico. Nos ponemos bajo la luz de un maestro. O de varios. Yo particularmente tengo como un altar propio de varios escritores, en el que está García Lorca. Él es de esos escritores  a los que siempre le voy a rendir culto, porque le debo mucho.

 

¿Qué sucede con su poesía? Es consecuente. Es decir: cada poeta debe ser consecuente tanto en la manera como vive, como piensa, como en la manera en que escribe. Y eso es García Lorca. Como vivía, escribía. Aún con ese monstruo que tenía encima haciéndole mella, fue un militante activo con su obra. No en vano murió en su ley. Fue asesinado no solamente por su condición sexual sino también por su condición intelectual, artística.

 

A los totalitarismos no le gusta la gente ‘sentipensante’, como decía Eduardo Galeano. Gente que no separa la razón del corazón, que siente y piensa.  Y eso era García Lorca. Al ser humano lo salva de la muerte, del olvido, el tamaño de la huella que deja. Y Lorca lo hizo en ambos sentidos: dejó huella con su obra, pero también con su militancia. Cuando un autor no es consecuente termina cayendo. Eso no se puede sostener. Como dioses con pies de barro. A Lorca entonces lo sostienen su vida y su obra.

 

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Como los grandes hombres, sin embargo, no todos lo aman, no todos  admiran sin reparo a Lorca. En el libro ‘El Palabrista’,  textos recogidos por Esteban Peicovich, se lee lo siguiente.

“Jamás me gustó Lorca. Vi ‘Yerma’ y la encontré tan estúpida que me marché del teatro. No podía soportarlo. Lorca no era un pensador, pero creo que tenía un don para las palabras. Su mundo era un mundo prácticamente de palabras. Un mundo de metáforas chocantes. Charlé con él en Buenos Aires. Me pareció un hombre que actuaba, que representaba un papel. Yo he vivido en Andalucía y los andaluces no son nada así. Tal vez pensó que en Buenos Aires debía mantener ese personaje. Bueno, pues cuando yo conocí a Lorca, él era un andaluz profesional. Quería deslumbrarnos. Me dijo que estaba muy preocupado por un personaje muy importante del mundo contemporáneo. Un personaje en el que se podía leer toda la tragedia de  Estados Unidos. Siguió hablando de esa manera hasta que le pregunté cuál era ese personaje. Resultó ser Mickey Mouse. Supongo que intentaba hacerse el vivo”.

 

Firma: Jorge Luis Borges.

 

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El dramaturgo Orlando Cajamarca está del lado de los que admiran incondicionalmente a Lorca. Incluso cada 5 de junio, cuando se celebra el natalicio del poeta, presenta en su teatro, Esquina Latina, una obra en su honor. La muerte, en cambio, no la tiene tan presente.

-Soy de celebraciones, no de conmemoraciones.

 

Cajamarca calcula que empezó a leer a Lorca en el bachillerato, y sus versos los utilizó para conquistar sus primeros amores, “mis primeros intentos de seducción”.

 

Después esos versos, la obra lorquiana en general, influenciaron su dramaturgia. Tanto que Cajamarca quiso rendirle una especie de tributo, un agradecimiento, con una obra que se llama ‘Elegía… Lorca’, Premio Iberoamericano de Dramaturgia Alejandro Casona, Principado de Asturias, 2004.

 

Es la historia de un hombre que, como Orlando Cajamarca, busca desesperadamente a Federico, se busca a sí mismo como creador recorriendo el mundo del poeta español.

 

- Lorca ha sido como un faro en mi vida. Su influencia es integral, tanto con su obra como en la manera de vivir. Sus textos, la potencia de su dramaturgia, al igual que su posición contestataria. En la obra que escribí sobre él, de alguna manera, me reflejo. Es una imagen especular, que parece pero que no es. El personaje que busca a Lorca es metafóricamente la misma búsqueda del arte. Uno siempre está buscando el punto de llegada y nunca lo encuentra. Por fortuna eso hace parte del espíritu artístico.  Nunca se está satisfecho. El arte es un camino de incertidumbre. Y  el espíritu lorquiano es ese.

 

Pero definitivamente las obras dan cuenta de uno, y en este caso da cuenta de esa ansiedad que tengo tan tenaz de capturar el espíritu lorquiano.

 

Lorca, pese a su muerte prematura, además, dejó una vasta obra. Fue prolífico. Típico de los grandes hombres. Uno se siente mal, incluso. Pasa y pasa el tiempo y no ha hecho ni la milésima parte de estos grandes personajes. Por desgracia todos estos personajes maravillosos mueren jóvenes. Es una paradoja de la vida. Y muchas veces la muerte temprana mitifica, porque deja vacíos y esos vacíos los llena el mito.

 

Eso sucede con personajes que son dimensionadas en lo que les faltó hacer. Eso se cumple en el escritor caleño Andrés Caicedo, por ejemplo. Es un personaje muy grande, muy importante, pero el mito ha llenado lo que hubiera podido hacer y no hizo. En el caso de Lorca su obra fue muy prolífica para su edad. Y también un elemento muy importante fue que su posición ante el mundo, el tomar partido no por los que hacen las leyes sino por los que las padecen, que es un sentimiento de grandeza, también  lo inmortaliza.

 

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Federico García Lorca, entonces,  sigue siendo noticia. Otra de las más recientes tienen que ver con su legado: manuscritos, obras de arte, partituras, dibujos que están avaluados en 22 millones de dólares.

Los objetos se encuentran en la Residencia de Estudiantes, en Madrid, a cargo de la Fundación García Lorca dirigida por la sobrina del poeta, Laura. El gobierno español, sin embargo, destinó un centro en Granada que está recién construido - es a pruebas de terremotos - y que tiene como propósito proteger la memoria de Lorca.

 

Entre la familia del poeta y el gobierno aún no se han puesto de acuerdo sobre quién  controlará el centro. Y en la misma Fundación hay problemas. El gerente está siendo investigado por un juez debido a una mala gestión de recursos públicos. Fue la misma presidenta de la Fundación García Lorca, Laura,  quien lo denunció.

 

Un año después de haber sido abierto el centro para la conservación de la memoria de Lorca en Granada, continúa vacío.

 

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Lorca fue también un conferencista prodigioso  que se enfrentaba a temas enigmáticos: el significado del duende en la poesía,  los secretos del alma gitana, los faraones, dice el poeta Juan Gustavo Cobo Borda.

Lorca tenía eso. Era un ser misterioso, como poseído, y con un espíritu de la amistad muy travieso que se deja ver en las cartas que le escribió al periodista y escritor colombiano Jorge Zalamea, quien aseguraba que Lorca, como buen gitano, tenía cualidades adivinatorias, intuitivas.

 

En  una ocasión, de hecho, cuando Lorca conoció al presidente Alberto Lleras -  se lo presentó Zalamea - no le dirigió la palabra. Zalamea le preguntó qué había pasado, y Lorca le dijo: “no me gustan los animales de sangre fría”. Alberto Lleras resultó ser un político distante, sin carisma.

 

La relación de Lorca con Zalamea es de las pocas relaciones directas entre el poeta y Colombia, aunque su obra ha permeado a las obras de autores colombianos. ‘La Casa Grande’, la única novela  de Álvaro Cepeda Samudio, se inspiró  en parte en la ‘La Casa de Bernarda Alba’ de Lorca que,  dice el escritor José Zuleta, fue un ‘contaminador’. Inspiró a otros a arriesgarse, o a imitarlo. Arriesgarse, porque hacía cosas que nadie hacía, como rimar un apellido.

 

Juan Gustavo Cobo Borda dice:

 

-A mí lo que me parece es que tras su muerte, Lorca pasó a representar el símbolo del poeta contra un poder infame. Y como pasa siempre, los políticos demagogos, altisonantes, dictatoriales, la historia los arroja al basurero que se merecen. En cambio, solo siguen subsistiendo los versos.

 

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No quise. No quise decirte nada. Vi en tus ojos dos arbolitos locos. De brisa, de risa y de oro. Se meneaban. No quise.

Federico García Lorca.

Fuente: El País


Pablo Neruda habla sobre Federico García Lorca

 


Federico García Lorca: 1936-2016

Textos inéditos de:

Caballero Bonald

Clara Janés

Luis Antonio De Villena

Luis García Montero

Antonio Lucas

Felipe Benítez Reyes

Manuel Vilas

Lorenzo Oliván

Julieta Valero

En la madrugada del 18 de agosto de hace 80 años fue fusilado uno de los escritores con mayor talento del siglo XX. Su muerte en las primeras horas de la guerra civil le convirtió en una leyenda que aún pervive. Quebró con Poeta en Nueva York el verso que se escribía entonces y fue autor teatral de éxito. EL MUNDO homenajea su figura con la publicación de nueve textos inéditos, entre los que figura el Premio Cervantes José Manuel Caballero Bonald y seis poemas de otras tantos poetas fundamentales en las letras de hoy.

La refundación del lenguaje, por Caballero Bonald

De las diversas aproximaciones a la poesía de García Lorca, elijo la que concierne a su extraordinaria capacidad de refundación lingüística. Es ahí propiamente donde el poeta alcanza su más acrisolada singularidad creadora. Desde un primer momento, desde Poema del cante jondo, García Lorca consigue algo artísticamente esencial: la modificación del significado de las palabras a medida que se incorporan al poema. Es un trasvase aparentemente subordinado a los dispositivos poéticos habituales, pero que en este caso responde a una compleja mudanza semántica. Las palabras más comunes, al ser trasferidas de determinado modo al curso de la poesía, tienden a desbordar su más consabida significación. El prodigio se ha verificado: las palabras dicen ya algo distinto, mucho más sugestivo por sorprendente, de lo que consignan los diccionarios. El pensamiento lógico queda invalidado por la intuición imaginativa. Lo insólito ha desplazado taxativamente a lo rutinario.

Semejante facultad sitúa a García Lorca en ese eminente trayecto de la historia de la poesía en lengua española que va -pongo por caso- de Juan de la Cruz a Juan Ramón Jiménez, de Góngora a César Vallejo, de Quevedo a Neruda y se perpetúa a raíz de una particular transfiguración del lenguaje poético. En el Cántico espiritual, en las Soledades, en Animal de fondo, en Trilce, en las Musas, en Residencia en la tierra, se estabiliza de diferentes modos un mismo paradigma verbal, ese que también afecta a García Lorca y viene a elevar su idioma poético a un rango de extrema seducción. No es que el poeta fuera asimilando esa facultad a medida que avanzaba su obra, sino que la llevaba implícita desde siempre en sus modales comunicativos, en su manera de observar el mundo.

La palmaria potencia metafórica de García Lorca tiene algo que ver con todo eso. Viene a ser una consecuencia directa de ese dinamismo léxico que constituye el fundamento formal de su poesía. La designación de los objetos, la exteriorización de las sensaciones, son sometidas -por así decirlo- a un natural proceso de reajustes lingüísticos. El autor del Llanto, de Poeta en Nueva York, pero también de no pocos romances y canciones, junta de pronto unas palabras que nunca habían tenido la menor conexión y rompen así un sello: perpetran una nueva realidad, descubren un mundo desconocido. Los ejemplos son copiosos y pueden elegirse al azar: "tienen, por eso no lloran, / de plomo las calaveras", "como todos los muertos que se olvidan / en un montón de perros apagados", "debajo de las multiplicaciones / hay una gota de sangre de pato", etc. etc.

La fascinación manifiesta que proporciona la poesía lorquiana tiene pues su origen en lo que he llamado la refundación del lenguaje. El hecho de que haya palabras que acuden al poema para dotarlo de un nuevo sentido, de una nueva noción del mundo, traspasa también su poder modificador a las imágenes. Lorca tiende a descoyuntar la secuencia racional del poema en beneficio de esas significaciones desconocidas. Cada imagen altera el orden de la realidad. El irracionalismo hace ya las veces de desvelador de los secretos estacionados en los entresijos del lenguaje. Incluso el carácter de la Andalucía que propone el poeta ha dejado de ser histórico para transformarse en mitológico. De ahí se infiere esa insufrible e irrisoria frustración de todos aquellos que han pretendido secundar a un poeta sin segundo.

 

Lorca, la fama y el mito, por Luis Antonio de Villena

Creo que la mayoría sabe hoy que Federico García Lorca (1898-1936) fue mientras aún vivía el miembro más famoso y popular de su hoy tan célebre generación. Es posible que -un tiempo- el prestigio mayor lo tuviera Jorge Guillén, poeta muy original y catedrático de Literatura. Pero sin duda a partir del estreno de su drama Mariana Pineda (1927) sobre la heroína republicana de Granada, el fervor fue para Federico. Mucho más popular que hoy, el teatro era en esos años -sobre todo si lo interpretaban actores célebres, como Margarita Xirgu- un muy fuerte medio de popularidad.

Si pensamos que en la época de su trágico asesinato García Lorca tenía algunos libros o conjuntos de poemas inéditos (sin ir más lejos Poeta en Nueva York, del que sólo habían salido poemas en revistas y una plaquette en 1935 con la Oda a Walt Whitman) es evidente que la fama de Lorca venía de su alargada sombra como poeta -su teatro se calificaba de poético- pero aplicada a la dramaturgia que triunfó también en la América Hispana, singularmente en Argentina, donde el propio Lorca estuvo. Yerma, Bodas de sangre y la última, La casa de Bernarda Alba son en realidad, viviendo su autor, el sostén más literario de su indudable fama. Y como esta es un fenómeno poroso y plural, sobre todo cuando entra la popularidad, es obvio que lo que se dijera del autor contaba -como cuenta hoy- asimismo.

Se sabía el carácter muy alegre o melancólico de Federico, y naturalmente se comentaba su homosexualidad, aunque el tema sólo pasó de la comidilla (y acaso de su muerte) porque es bien sabido que su familia desaprobaba esas cosas -no ahora sus sobrinas, que no lo conocieron- y Federico sufrió ese ser y no ser de su condición. Si pensamos en nombres hoy muy conocidos de esa generación, amigos además de Federico, uno a la larga Premio Nobel, Vicente Aleixandre, o el gran Luis Cernuda, hemos de convenir que entonces -antes de la Guerra Civil- sólo eran conocidos de una minoría literaria, mientras que Lorca era realmente famoso, incluso en parte como lo entendemos hoy.

El libro de poemas más célebre (y exitoso) que Lorca publicó en vida fue Romancero gitano (1928), que a mí me parece de una finura y de calidad extraordinarias y donde el elogio a la belleza varonil late doquier a la vez que la defensa de un pueblo marginal y pansexual: los gitanos. Pero es bien sabido que el éxito y hasta casi la divulgación en coplas basadas en ese mundo de tal libro (canciones de Rafael de León como Ojos verdes) terminó cansando a Federico a quien le agobió la etiqueta de "cantor de los gitanos". No lo era, o no al menos como lo sugería, demasiado denotativa la frase. Su defensa de la marginación pasó en Nueva York de los gitanos a los negros, que bajo las diferencias tenían mucho en común, por ejemplo una sexualidad abierta, generosa. Una vez Rafael Martínez Nadal, profesor en Inglaterra y uno de los mejores amigos de Lorca, me dejó ver una breve carta manuscrita (una cuartilla por ambas caras) que Federico le envió desde NY narrándole, en unas expresivas pinceladas, una orgía con negros. Al final de la carta se podía leer: "Cuando la leas, rómpela". Era de 1930 y entonces quizás hubiera sido normal que la rasgara, pero ¿a fines de 1981, cuando yo la leí? Rafael la había guardado muchos años con devoción -esa y otras muchas cartas- pero el dueño, que me había hecho el cumplido de mostrármela y dejarla en mis manos, me aseguró que algún día la rompería. Sigo sin entender y hace ya no pocos años que Martínez Nadal murió. ¿Qué se hizo de esas cartas más secretas? Yo no lo sé y nadie hasta hoy me ha dado respuesta. Todo es posible.

La fama de Lorca era tanta que cuando llegó a Buenos Aires en 1934 la prestigiosa Sur, que era como decir Victoria Ocampo, tiró una edición de Romancero gitano con muchos ejemplares (no sé si todos) firmados por el autor. Está claro que se celebraba al poeta, aunque el viaje lorquiano tenía más relación con las conferencias y el teatro. Es cuando dicen que en alguna entrevista radiofónica -le hicieron muchas- podía conservarse la hoy desconocida voz de Federico. Lo malo es que, al parecer, no vive ya nadie que conociera o identificara la voz para siempre ignota de Lorca. ¿El mito no es la consecuencia máxima y postrera de la fama? Sin duda. Pero yendo más allá. Como muerto trágico -asesinado en una guerra civil, le llamaron "rojo y maricón"- y muerto joven, tenía 38 años recientes, Federico cumple las leyes del mito.

Es un altísimo poeta, no se duda, pero es muy posible que sin esa muerte trágica que conmocionó al mundo, la fama hubiera crecido más; pero el mito, auténtica esencia de la inmortalidad, no hubiese llegado nunca. Y Federico es un mito. Algo que parte de la fama pero la supera. José Saramago decía que la grandeza enorme de Pessoa había terminado suponiendo como un valladar para los sucesivos poetas portugueses. Como si Pessoa cerrara ese Olimpo. Algo semejante se dijo años atrás del mito Lorca, inmenso, y la posterior poesía española. Pero si ese efecto barrera de algún modo existió para el extranjero, hoy no es así. Federico es un mito y un gran poeta, pero el agua mejor de la poesía española fluye ya con todas sus riquezas bajo ese puente singular... ("Vuelan en la araña gris/ siete pájaros del prisma").

 

 Se quedó el agua desnuda, por Clara Janés

Creo que pocos poetas de mi generación y de generaciones inmediatas podrían negar la presencia de Lorca como el paisaje preponderante que acompañó sus orígenes. Algunos lo han confesado, otros no, pero lo cierto es que para los que nos lanzamos a partir de los 60 del siglo pasado, sus poemas fueron una de las primeras cartillas. Inolvidables para mí son las reuniones en cafés con mis compañeros de la Universidad de Barcelona, donde se trataba ante todo de leer a Lorca en voz alta. Yo llegué a más: escribí en mis zapatos blancos de verano unos versos de Federico, en uno "¡Ay que trabajo me cuesta quererte como te quiero!"; en el otro, "¡Por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero!".

También fui protagonista de un proyecto del entonces estudiante, hoy reconocido pintor, Julián Grau Santos, que consistía en una exposición entera sobre el Romancero gitano. Hizo el boceto completo, con guache, página a página, en mi libro -un tesoro por su belleza-, y en él yo soy Soledad Montoya y la Virgen que acompaña al romance de San Gabriel...

Años más tarde, esta presencia viva de Lorca se produjo a través de dos de sus amigos, que fueron grandes amigos míos: Rafael Martínez Nadal y Marcelle Auclair. Conocí a la segunda cuando buscaba datos para su En fances et mort de Federico Garcia Lorca, que empieza con una Introduction a la mort donde habla del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y da muchas claves: detalles de aquella corrida última, sucesos posteriores, recuerdos de Ignacio de sus primeras tentativas, cuando, contando 16 años, se iba a torear vaquillas sin testigos, pero con el aplauso de los olivos agitados por el viento que le hacía levantar la mano y saludar, lo que explica el último verso del poema: "y recuerdo una brisa triste por los olivos".

A cada pregunta concreta que hacía yo a Marcelle sobre Lorca, me contestaba: "Llama a Rafael". Así fue como un día, sin más, marqué el número de Rafael Martínez Nadal de Londres. Desde aquel momento, cuando venía a Madrid, cenar en el Olivar de Castillejo con él y su mujer, Jacinta, y muchas veces los hermanos de ésta, David y Leonardo, Rosa Chacel, Jeannine Mestre, José Luis Gómez o el escultor Juan Haro se hizo habitual. Rafael recitaba a Federico, y sus imágenes volaban por encima de las jaras y las retamas... Todo tenía un sentido secreto. Era un poeta tan universal y fuerte que en cualquier lengua caía de pie... Bien comprobé yo esto cuando me lo recitó en farsi el gran Ahmad Shamlu, que, a través de Lorca, llevó a cabo la modernidad de la lírica en su país.

Aún los veo a todos, atentos a la palabra. Y la sonrisa destella en cada hoja tocada por la noche luminosa mientras la llama de una vela oscila sobre la mesa junto a la fruta y una ráfaga de viento mece las sombras del ramaje. Y es la felicidad esa armonía, siempre bajo el ala del poema, mientras Rafael recita:

Eran tres

(vino el día con sus hachas.)

Eran dos

(alas rastreras de plata.)

Era uno.

Era ninguno

(se quedó desnuda el agua).

 
 

Diez pistas para no perderse en la búsqueda de Lorca

  • El rastreo se centra en el Peñón del Colorao, en una parcelita con suelos de relleno por un proyecto de campo de fútbol, y está previsto que se incien este lunes

  • El terreno está irreconocible ochenta años después, lo que dificulta la búsqueda, con un presupuesto de algo más de 30.000 euros

  • Si aparecen restos, el equipo arqueológico debe informar al juzgado de guardia y a la Junta de Andalucía

Dos nietas del maestro republicano Dióscoro Galindo, asesinado y supuestamente enterrado junto a Federico García Lorca entre Víznar y Alfacar (Granada) en la madrugada del 17 al 18 de agosto de 1936, han impulsado la búsqueda de los restos de su abuelo, que puede llevar a su vez hasta el poeta de Fuente Vaqueros. Se han cumplido ya 80 años de su fusilamiento. A partir de los planes de trabajo, investigaciones históricas, testimonios y estudios geoarqueológicos que fundamentan la búsqueda, infoLibre desentraña las claves del tercer intento de encontrar la fosa de Lorca, la víctima más emblemática de la Guerra Civil.

1. ¿Dónde se busca?

El lugar de actuación se encuentra en el paraje denominado Los Llanos de Corbera o Peñón del Colorao, en la parcela catastral 10812A00900029 del término municipal de Alfacar, a la altura del punto kilométrico 4,5 de la carretera local de Granada 3101, en terrenos de titularidad pública dentro del Parque Natural de Sierra de Huétor.

Según el plan de trabajo del arqueólogo director de los trabajos, Javier Navarro, la zona más probable para el hallazgo es "un área de 10 x 18 metros", una superficie sobre una plataforma de rellenos (de entre 5 y 8 metros, según las distintas investigaciones) colocados en su día para la construcción de un campo de fútbol que no se llegó a realizar.

La zona en cuestión está pegada a otra en la que ya se realizó una búsqueda fallida en 2014, y a unos 400 metros del punto del actual Parque García Lorca en el que se excavó también sin éxito en 2009. La búsqueda fallida de 2009, la que alcanzó mayor repercusión pública, se basó en el testimonio de Manolillo el Comunista, recogido por los investigadores Agustín Penón e Ian Gibson.

2. ¿Por qué se busca ahí?

La búsqueda se basa en la reconstrucción de los hechos del periodista falangista Eduardo Molina Fajardo, publicada en 1983. El libro Las trece últimas horas en la vida de García Lorca, del historiador Miguel Caballero, publicado en 2011, realiza una comprobación documental de los testimonios recogidos por Molina Fajardo, al tiempo que amplía la investigación. Caballero, impulsor de este proceso de búsqueda junto al arqueólogo Navarro y a las nietas de Dióscoro Galindo, fundamenta la posible ubicación de la fosa en el testimonio del general José María Nestares, capitán responsable del frente de Víznar cuando fue asesinado Lorca, el de su hijo Fernando Nestares y de los falangistas Joaquín Espigares y Pedro Cuesta, entre otros.

"Todos los testimonios, prestados por distintas personas, en diferentes épocas y sin conexión personal entre ellos, dan verosimilitud al probable lugar de la ejecución, y apuntan a unos pozos abiertos en la cabecera del denominado campo de instrucción, que era donde las tropas del sector realizaban las maniobras de instrucción militar", escribe Miguel Caballero en su libro sobre las últimas horas de Lorca. "Esto se debía a que era el único sitio cercano al cuartel del Palacio Moscoso de Víznar lo suficientemente llano para tal tarea", añade

Los testimonios coinciden en que eran unos pozos ovalados, que se cavaron para la extracción de agua, posiblemente para abrevar el ganado. Pero la búsqueda de agua no dio resultado o lo dio por muy escaso tiempo. En esos pozos es donde se va a buscar.

3. ¿Cómo ha cambiado el terreno desde 1936?

La zona ha sufrido modificaciones sustanciales a finales de los 80 que dificultan el proceso de búsqueda, según José Luis Peña, catedrático emérito de Geografía Física de la Universidad de Zaragoza, y Marta Sampietro, directora del Laboratorio de Geoarqueología de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Tucumán (Argentina), que han elaborado un estudio geográfico y cartográfico de la zona.

Su informe se realiza a partir de los testimonios sobre la posible ubicación de las fosas existentes en la zona del Peñón del Colorao y sobre la información estratigráfica resultante de la excavación anterior llevada a cabo en 2014, también liderada por el arqueólogo Navarro y el investigador Caballero. Los cambios producidos en la zona desde 1936, y especialmente desde 1997, "son de gran magnitud y generan problemas para la ubicación espacial de cualquiera de los testimonios existentes hasta el presente," señalan Peña y Sampietro en su informe.

La mayor parte del olivar que existía en las inmediaciones del Cortijo Pepino –lugar recurrente en los relatos sobre las últimas horas de Lorca– ha desaparecido. Dicho cortijo ha cambiado de dimensiones. La zona se ha utilizado como pista de motocross. La ladera ha sido removida y sus materiales trasladados para generar la explanada sobre la que se asentaría el campo de fútbol de Alfacar, que no se construyó. "Todas estas intervenciones dieron por resultado un nuevo paisaje cuya restitución total a las condiciones originales es compleja pero factible con la metodología adecuada", señala el informe.

4. ¿Cuál es el método de trabajo?

El plan de trabajo establece el inicio de la búsqueda el 19 de septiembre, si bien esta fecha no puede ser determinada con total seguridad. Lo primero será proceder al movimiento de los materiales de relleno. La tierra extraída será desplazada y acopiada en la zona de ladera que fue excavada para la obtención de dicho relleno.

Posteriormente el equipo arqueológico intentará detectar los cambios de coloración y textura en el primer estrato geológico que se encuentre inalterado, con el objeto de localizar los pozos, para lo que se realizará una nueva prospección geofísica sobre la base de los puntos obtenidos en el estudio geográfico y cartográfico de Peña y Sampietro. En caso de localizarse los pozos, se procederá a delimitarlos y se realizarán sondeos arqueológicos en el interior de los mismos para detectar la presencia de restos humanos.

Al finalizar la actuación arqueológica –y la exhumación en su caso de los restos humanos existentes– el equipo de investigadores repondrá la tierra retirada y compactará el terreno afectado.

Está previsto que todo el proceso de búsqueda en Alfacar dure entre tres y cuatro semanas, aunque el calendario seguramente variará por condiciones climáticas, resultados que se produzcan –o no–, prescripciones legales e imprevistos.

5. ¿Quién busca a Lorca?

La búsqueda es impulsada fundamentalmente por Nieves García, nieta de Dióscoro Galindo, asesinado y posiblemente enterrado junto a Lorca y los banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí. A la petición de autorización de Nieves García ante la Junta de Andalucía se sumaron la asociación Regreso con Honor, radicada en Zaragoza, y la CNT, en calidad de "familia ideológica" de los dos banderilleros, en palabras de Sonia Turón, secretaria de cultura del comité confederal de la CNT. Los directores de los trabajos son Javier Navarro, presidente de la asociación Regreso con Honor, en el aspecto arqueológico, y el historiador Miguel Caballero.

A ellos se suman los arqueólogos Miguel Ángel Zapater, especialista en munición, y Miguel Mezquida, especialista en la Guerra Civil, así como dos arqueólogos, Belén Jimeno y Javier Iglesias, y un equipo técnico de cinco personas de la CNT. La Universidad de Nottingham, que ya colaboró en la búsqueda de 2014, ha ofrecido apoyo.

"En segunda línea, ya en laboratorio, para el caso de que aparezcan restos", según explica Javier Navarro, "se incorporarían a los trabajos los forenses Miguel Botella y Francisco Etxeberría", ambos de enorme prestigio profesional.

6. ¿Qué pasa si aparecen los restos?

Si aparecen restos, la asociación Regreso con Honor perderá el control de los trabajos. Cualquier hallazgo debería ser puesto de inmediato en conocimiento del juzgado de guardia y de la Dirección General de Memoria Democrática de la Consejería de Cultura de la Junta, dirigida por Rosa Aguilar (PSOE). Los investigadores necesitarían el permiso de la Consejería de Cultura para intentar identificar, mediante estudio antropológico y genético, los restos de Dióscoro Galindo, cuya familia ha impulsado el proceso.

7 ¿Qué papel desempeñan las familias?

En principio, es hasta Dióscoro Galindo hasta donde llega este proyecto. Pero, si aparecieran realmente los restos de cuatro personas, supuestamente Galindo, Galadí, Arcollas y Lorca, ¿quién podría frenar la identificación de Lorca, en un previsible contexto de atención mundial? ¿Quién frena la posible identificación del poeta cuya muerte encarna el símbolo de la barbarie del fascismo frente al genio y la inteligencia?

"Si aparecen restos, creemos que la familia Lorca se avendrá...", señala prudentemente Javier Navarro. A la búsqueda de Lorca se opone la sobrina nieta del poeta y presidenta de la fundación que lleva su nombre, Laura García Lorca, reticente ante la espectacular dimensión pública que adquiere todo lo relacionado con el autor de La casa de Bernarda Alba. infoLibre ha intentado sin éxito recabar la opinión de Laura García Lorca.

Arcollas no dejó descendencia, por lo que la CNT se reivindica como su "familia ideológica" para implicarse en el proceso de búsqueda. Los herederos de Francisco Galadí –que se implicaron en la búsqueda fallida de 2009 y se llevaron una gran decepción– no se han pronunciado en esta ocasión. Nieves García Catalán, nieta de Dióscoro Galindo, asegura que mantiene contacto con uno de los nietos. "Entiendo y respeto que alguien prefiera quedarse al margen. La familia Galadí ha sufrido mucho. Ahora mismo si nosotros no empujamos, esto –la búsqueda de la fosa en la que podría estar Lorca– estaría parado", afirma Nieves.

8. ¿Qué coste tienen los trabajos?

La financiación de la búsqueda es privada, porque así lo han preferido los promotores. Es necesaria financiación –como en todo trabajo de este tipo– para: 1) medios auxiliares, como máquina excavadora, generador eléctrico... 2) intendencia, desplazamiento, alojamiento y manutención; y 3) honorarios de los profesionales. "Los dos primeros los tenemos asegurados. En el tercero, si hay remanente se cobrará y si no, pues no", afirma Javier Navarro, que se dice "acostumbrado al trabajo vocacional".

El total del presupuesto necesario para cubrir los tres aspectos anteriores es de 33.117 euros. Navarro no precisa de cuánto dinero dispone Regreso con Honor para el trabajo, pero sí asegura que, una vez superados los problemas burocráticos, el aspecto financiero "no será un problema". Regreso con Honor ha recibido aportaciones privadas, cuyo origen no aclara. CNT contribuye económicamente.

9. ¿Cómo afecta la investigación de la jueza Servini?

Una denuncia de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ante la jueza argentina María Servini de Cubría ha provocado la apertura por parte de ésta de una investigación.

Los denunciantes basan su denuncia en un documento de la 3ª Brigada Regional de Investigación Social de la Jefatura Superior de Policía de Granada, de fecha 9 de julio de 1965, que señala que Lorca fue “fue pasado por las armas” y enterrado en un paraje "muy a flor de tierra, en un barranco […] en un lugar que se hace muy difícil de localizar”. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica reclama a Servini que, a través de las autoridades judiciales españoles, recabe toda la documentación existente sobre el asesinato de Lorca en manos del Ministerio del Interior.

Así pues, en paralelo al inminente proceso de búsqueda discurre una investigación penal de la justicia argentina. Según Emilio Silva, las competencias de la jueza le permitirían incluso "tomar el control de la excavación, llegado el caso". El arqueólogo Javier Navarro asegura que no habría ningún problema con ello. El escenario que no quiere ni plantearse es que se produzca una paralización de los trabajos por parte de la jueza argentina.

Ambos procesos (la búsqueda a iniciativa civil y la investigación penal) pueden ser compatibles, aunque la investigación histórica de Miguel Caballero y el informe policial señalan que Lorca está en sitios distintos.

La investigación judicial "no es propiamente sobre la muerte de Lorca, sino sobre la existencia de documentación sobre la misma", explica Ana Messuti, una de las abogadas que ha presentado la denuncia. "No se le pide a España que investigue, sino que facilite investigar a Argentina", señala la abogada, que no se atreve a hacer una previsión sobre si Messuti podría o no tomar cartas en el proceso de búsqueda en marcha.

10. ¿Qué hacen los partidos políticos?

Los prolegómenos de la búsqueda de Lorca se están desarrollando en un clima de calma política que contrasta con el ruido que suele acompañar a todo lo que toca el caso del poeta, como ocurrió con las excavaciones en 2009 y 2014. Uno de los motivos es que la Junta no impulsa este proceso de búsqueda. Otro motivo es que los partidos están intentando llevar sin crispación el debate sobre la Ley de Memoria Democrática de Andalucía, actualmente en tramitación parlamentaria.

La Consejería de Cultura es escéptica sobre los posibles resultados de la búsqueda, pero ha dado vía libre sin implicarse directamente. El departamento que dirige Rosa Aguilar está trabajando en multitud de excavaciones, con escasa repercusión, y podría ocurrir que un fracaso en esta búsqueda fuese todo lo que al final se recordara de su gestión a este respecto. Si aparecen restos, aparecerá la Junta de Andalucía.

Las búsquedas de Lorca han servido en varias ocasiones al PP para ridiculizar a la izquierda. El entonces vicesecretario ejecutivo del PP, Antonio Ayllón, dijo tras el fiasco de 2009 que la Junta de Andalucía había convertido Alfacar "en un teatro en el que no hacían falta tantos georradares ni consejeras", y en el que al final sólo se habían localizado "dos latas de atún, ni siquiera de melva, y una botella de refresco". En octubre de 2015 el senador del PP José Joaquín Peñarrubia dijo: "Ya no hay más fosas que descubrir, salvo que se empeñen en buscar a Federico García Lorca en los cuatro puntos cardinales de España".

Fuente: infoLibre

 

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Víctor Arrogante
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