mi opinión

Elogio del ateismo



 

 

¿A alguien le importa? pero lo digo: Soy ateo, no creo en ningún ser sobrehumano, ni sobrenatural, que controle los destinos de los seres vivos y muertos aquí en la Tierra, ni fuera de ella; que imparta castigo y justicia divina, ni nada por el estilo. En otras palabras, no creo en dios, ni en sus actos, ni en sus obras, ni en su historia, ni en su hijo, ni en su madre, ni en todos los santos, ni en lo que creen los que creen, ni en ninguna paloma santa; dicho con todos los respetos.

No es que diga que no lo se, que puede que sea, o admita la probabilidad de la existencia de una fuerza o energía, espíritu vital o luz omnipotente, no: es que no lo creo. Fui creyente en otros momentos de mi vida, allá por mi adolescencia juvenil, hasta que pensé; y entonces supe que no era posible y además no podía ser. También es cierto, que hoy, tras muchos años desde entonces, he dejado de creer en algunas humanidades. Y de la iglesia católica no creo nada: por lo que representa, por lo que dicen, por lo que hacen, por cómo lo hacen, por lo que dicen que hacen, por lo que no dicen y hacen.

Benedicto XVI volverá a ser Joseph Ratzinger. Ha presentado la renuncia, por razones de salud. No tiene fuerzas para continuar siendo el representante de dios en la tierra. Como hombre de ideas integristas e inteligente, ha sufrido una crisis espiritual; se ha dado cuenta, y ha dejado de creer, por las fuerzas, en su papel. Ser representante, no de una deidad cualquiera, sino del "único dios verdadero", tiene que ser una carga de altura, e insufrible dirigir una organización, con más de dos mil años de historia e intrigas. Con este acto ha mostrado su desapego al poder terrenal y hace perder al cargo del "aura santa" que le envolvía. Estoy sintiendo simpatía por el anciano sacerdote

El llamado santo padre, no ha sabido o podido dar respuesta, a los graves problemas que tiene la organización. "La barca que hace aguas", que basa su poder en la fe, la tradición y el misterio, sufre además luchas internas, rivalidades, corrupción, prevaricación y mala gestión en la administración vaticana, banqueros corruptos, escándalos pedófilos, alejamiento de las necesidades de la gente y de la realidad social. Ha dado "respuestas del pasado a preguntas del presente", en palabras de Juan José Tamayo. ¿Ha sido una víctima de las turbias intrigas de los cuervos vaticanos?

El mandato de Benedicto XVI ha tenido claroscuros, con tocados vistosos, zapatos rojos, y muchas obsesiones: la sexualidad y el  preservativo, la reproducción asistida, el matrimonio homosexual y el aborto, "opuestos al bien común". Ha afirmado que el único matrimonio respetable es el "indisoluble" entre un hombre y una mujer. Más permisivo ha sido con los curas pedófilos y los delitos de abusos sexuales con menores, aunque terminó reconociendo que el Vaticano no había sido "vigilante, veloz y decisivo". Una discreta justificación, propia de tan suave figura.

Otro caballo de batalla del papado, ha sido el ataque a la eutanasia y a la muerte digna, como "falsa solución al sufrimiento impropia del ser humano", dice. Cuando era cardenal, afirmó: "Eutanasia es matar a un hombre y ser matado no es una muerte digna". Para él solo la muerte natural es muerte digna. A su espalda la historia de la iglesia y sus actos poco humanitarios, que hoy muchos serían considerados criminales.

Como la iglesia se mete en todo, aunque no le competa, Ratzinger dijo en una de sus visitas a España: "ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como se vio en la década de los años treinta", refiriéndose a la Segunda República, y a la política seguida en España por aquellas fechas. No recordó a las victimas del franquismo, que lo fueron, con la complicidad de la iglesia de entonces. Esa organización no tendría el perdón del dios en el que dicen creer. Suerte que ya no tiene poder para llevar a la hoguera a los ateos, pero sigue quemando lo que toca.

"La mayor fábrica de ateos son las religiones", dice Eugenia Biurrun, de Iniciativa Atea; y en España las personas no creyentes -ateos, agnósticos e indiferentes a la religión-, han experimentado un espectacular crecimiento en los últimos diez años, situándose en el 25% de la población (barómetro CIS 2010). El nivel económico y educativo, son factores determinantes (Índice Global sobre Religión y Ateísmo de Gallup International). La población con menos ingresos económicos, es más religiosa que la que tiene más; y los que se consideran de derecha, junto con los menos instruidos, son los que más creen.

Los países más empobrecidos o en vías de desarrollo son más religiosos: Gana, Nigeria, Armenia, Fiyi y Macedonia (9 de cada 10 habitantes practican algún tipo de religión). Lo que tienen una mayor población atea son: China 47%; Japón 31%; República Checa 30%; Francia 29%; Corea del Sur 15%; Alemania 15% y Holanda 14%. Por regiones, la más religiosa es África, con un 89% de población creyente, seguida de América Latina, con un 84%. Son datos que ilustran el panorama.

El ateismo es un valor de referencia en la organización de mi vida personal, familiar, social y política. Para encontrar la armonía con el pensamiento, es vital la consecución de un Estado verdaderamente laico, en la defensa de los derechos civiles y las libertades ciudadanas, con una idea, una ética, una moral, unos valores sociales y unas normas de conducta ateas, democráticas y tolerantes.

El ateismo es la representación de la defensa de la libertad de pensamiento y expresión, la pluralidad y el derecho a la difusión de todas las ideas y creencias (siempre que éstas sean respetuosas con las personas y sus derechos). La neutralidad religiosa del Estado en todos los ámbitos -en la enseñanza sobre todo-, pasa por la abolición de los privilegios concedidos a cualquier iglesia o confesión religiosa y supresión de toda discriminación por motivos religiosos; y promover el progreso, la justicia social y la solidaridad entre todos los ciudadanos.

Soy ateo porque es la base para un humanismo alejado de dogmas y opresiones. Entre la fe en un dios imposible, escojo a la humanidad imperfecta, libre de historias sagradas, de religiones y sectas dominadoras. Lo que nos caracteriza a los ateos, no es tanto la difusión de la idea -algo que queda en el ámbito de lo íntimo y personal-, sino la defensa del laicismo: una sociedad sin ataduras de índole religioso, en libertad y en igualdad de condiciones y oportunidades. La conciencia social y la política unidas para el bienestar general.

Soy ateo como expresión del reconocimiento a la razón y a la libertad de conciencia. La religión no puede convertirse en creencia probada y verdad inamovible, a través del poder institucional, como pretenden algunos. La fe religiosa, es a fin de cuentas, el acto de dejar de razonar. Soy ateo porque la razón es el máximo atributo del ser humano.

 

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Víctor Arrogante
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