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El rey del campo
No se te ocurra separar o pegarle a un semental cuando está cubriendo una vaca porque despertarás en él un odio concreto hacia ti y tratará de vengarse en la primera ocasión que se presente. A veces se le pasa y se olvida después de unos días. Otras, la fijación del odio será tan obsesiva, que te perseguirá mientras viva. Y solo a ti, aunque vayas en un grupo el semental despreciará todos los demás y se irá directamente a por quien le moleste. Cuando vayas a marcar un becerro en el campo lo primero que debes hacer es taparle la boca para que no berree. Si no lo haces, la madre vendrá hecha una fiera, aunque esté muy lejos y date por cogido. Cuando llega el Verano y el Otoño se separan los sementales de las vacas para que descanse. Suelen quitarse el día de Santiago, 25 de julio, y se le vuelve a echar a primeros de enero o el día de la Virgen de las Candelas. Ocho días antes de Santiago y sin que los mande nadie los sementales buscan la portera para que les abran. Saben mejor que ningún calendario cuando llega el día del descanso. O será que como muchos maridos, están tan hartos de sus mujeres, que buscan una disculpa para quitarse de en medio y tomarse un respiro. En cambio, ocho días antes de las Candelas ya está el toro semental pidiendo que le abran las portera para irse a cubrir las vacas. Antiguamente cuando una vaca se espaldillaba, quiero decir, cuando sufría un desgarro muscular o se dislocaba en la paletilla o en la cadera, o se le salía un hueso de su sitio, se la obligaba a entrar en una charca honda o atravesar un caozo para que nadara un rato. Al nadar, el músculo o el hueso volvía a su sitio y el animal salía curado de la charca sin avisar ni molestar al veterinario. Si al caballo le roza la cincha y se le hace una herida, échale sal y vinagre o manteca, bien cubierta la herida para que no le anden las moscas. Y no se te ocurra como algunos ponerle un trapo en el mullico. Déjale ocho días sin montar y con la herida al aire para que cicatrice antes. Cuando pare una vaca en un corral donde hay muchas, hay que tener cuidado especial. Hay veces que en los barullos de las vacunaciones, cuando no acabas en la tarde y tienes que quedar en el corral con veinte o treinta para terminar al día siguiente, se han dado casos de parir una vaca. Hay que saca el becerro inmediatamente y no solo por el riesgo que lo pateen los demás o que le den una cornada. Hay que sacar a la madre y a la cría para que la lama. Si una vaca no lame a la cría y se encariña con ella lejos de criarla la abandona, lo primero que debe hacer un buen ganadero es cerciorarse que el becerro está bien lamido. Su madre, aunque esté flaca y vieja ya no lo abandonará nunca. Podríamos estar hasta mañana contando estas cosas del campo. El viejo oficio de vaquero es algo sumamente sencillo cuando el sujeto se ha criado entre ganado y conoce los secretos del campo. Y tan difícil, que ningún extraño podrá entender esos misterios y esos secretos que encierra cada animal a cada hora del día y en cada época del año. En invierno es sencillísimo dominar un ciento de vacas simplemente llevando un saco de pienso al hombro. Las llevaras donde quieras. En verano, cuando están gordas y gozalonas, necesitas otras habilidades para manejarlas sin que peguen una estampida y te lleven por delante. |
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según Alfonso Navalón |
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