Peligro, epidemia gubernamental
Prefiero siempre un buen perro amigo, que a un mal gobernante canalla, Peligro: el gobierno no protege, mato.


 13 de octubre de 2014

Demencial, cuando no vergonzoso, lo que ocurre en España en estos días otoñales que ya de por si son oscuros y lluviosos. Bien podrían ser días tranquilos, serenos y sosegados, pero no. Sufrimos una epidemia de ineptitud, corrupción y mala gente. Resumiendo: el gobierno de la nación es un peligro público; peligro para la salud pública, peligro para la educación pública, para el dinero público, los derechos, la justicia, la dignidad y la decencia de la que carecen quienes nos gobiernan.

Lamentablemente, el virus del ébola está causando estragos, de forma especial en Madrid y no es casual. No es demagogia hablar y hacerse eco de la tragedia que conlleva la enfermedad, el sufrimiento y la muerte. Por la miseria que sufren los «desheredados», los que solo tienen su fuerza personal para trabajar y el poder de subsistir en este modelo social, puesto en marcha por los cínicos de convicción. Nunca quise aceptar aquello de que el hombre es un lobo para el hombre. Hoy, conociendo a la gente que representa al gobierno de España, no es que sean lobos, sino depredadores terrestres, aéreos y marinos y no son gaviotas; son hienas risueñas, buitres graznantes y tiburones silenciosos; pero matan, como la Mato.

Todo comenzó esta vez también en África, inicialmente en Guinea, mostrándose como el brote más grave de los registrados, tanto por el número de personas infectadas, como al número de enfermos fallecidos. Según un último informe de la Organización Mundial de la Salud, se han confirmado 8.033 casos y se han producido 3.865 muertes, entre todos los países afectados: Guinea, Liberia, Sierra Leona, Nigeria, Senegal, llegando hasta los mismísimos Estados Unidos de América y a España. La epidemia nos llega en un momento de debilidad extrema, puesto que las políticas llevadas a cabo por el gobierno, tienen desmantelada a la sanidad pública.

En contra de la opinión de médicos e investigadores especializados en microbiologia, el gobierno español decidió traer a dos religiosos portadores del virus, sin que España disponga de hospital con condiciones de seguridad adecuado. Se desconoce cuantos infectados va a ver en esta crisis «pero las consecuencias pueden ser devastadoras como esta ocurriendo en África. Este gobierno ha puesto en peligro la vida de toda una ciudad donde vive mas de cinco millones de habitantes y como consecuencia la vida de los españoles y europeos», dice José Maria Chus Landeirate, doctor en Ciencias Biológicas, Especialista en Microbiologia e Investigador del INIA, en una carta al ministerio de Sanidad en la que solicita la dimisión de la ministra y del presidente del gobierno. Coincide con los inspectores de la Unión Europea: «el Carlos III no es un centro adecuado para afrontar el ébola». Que lo vamos a hacer, es nuestra #marcaEspaña.

Rajoy pide calma y pronostica que «el riesgo de que se propague el ébola es muy bajo». Precisamente por quién lo dice, cómo lo dice y dónde, tenemos que estar mucho más preocupados que antes de sus declaraciones hechas a la ligera, en la puerta de un hospital, sin previa convocatoria a los medios informativos y sin admitir preguntas como es su costumbre. Se anuncia que el gobierno toma el mando de la gestión de la crisis, sin explicar bien, quien lo ha tenido hasta ahora. Miedo tiene que darnos, conociendo como han gestionado otras crisis en el pasado: El Prestige, el Yak42, el accidente del Alvia en Santiago, el metro de Valencia, el Madrid Arenas o el caso Bankia sin ir más lejos ni más cerca. Los gobiernos del Partido Popular nunca han asumido responsabilidades y han optado por culpar a los otros de sus errores. Corremos peligro mientras sigan gobernando.

Nos escupen al hablar, de forma especial Mariano Rajoy, cuando abandona el plasma, y desde su ático, supuestamente legal, Ignacio González. Ya lo hizo Ana botella, insultándonos también con su «relaxing cup of café con leche in la Plaza Mayor». También nos insulta el consejero de sanidad de Madrid, no solo por culpar a Teresa por el virus infectado que no tuvo que ser, sino por su desprecio deshumanizado. No en balde los alumnos de Javier Rodríguez —que tiene su vida hecha porque llegó a la política «comido»— le llamaban «gordo cabrón». Todos nos vamos a morir, pero con la ineptitud demostrada para resolver una crisis sanitaria, nos moriremos antes. Yo quiero vivir, hasta que me de la gana seguir viviendo, no morir innecesariamente, por la ineptitud gubernamental demostrada.

Cada vez estoy más convencido; Ana Mato es la encargada por el Partido Popular, para poner en marcha su particular made in PP-Rajoy solución final. Enfermos crónicos y sobrevenidos, viejos jubilados y pensionistas que llegan, personas dependientes y otros próximos colectivos a venir, serán eliminados por las buenas, por la fuerza del destino diseñado por ellos o porque sí. En el sí, está la canallada del todo vale, por la economía del todo para mí (para ellos quiero decir). Nada para ellos dicen que dicen (que somos nosotros, digo). Por todo digo que la ministra Mato mata.

La solución final —el Holocausto—, es el plan nazi, que llevó al genocidio sistemático de la población judía en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Entonces significó la deportación sistemática y exterminio de toda persona clasificada «judía» por el régimen criminal nazi y otros colectivos indeseables para ellos. No fue sino un asesinato en masa, para perseverar la raza aria, por encima de cualquier otra. Algunos hoy, pretenden que la suya predomine, cuando conocido es que la raza es perruna. Por cierto a los perros también los matan, para preservar su ineptitud. Mi recuerdo aquí a Excalibur «eutanasiado», sin conocer si era portador del virus. Matan lo que no pueden controlar por la fuerza de la lógica, la razón, el sentido común y la democracia popular.

Si no son capaces de utilizar la razón y aquellos principios humanos que identifican a la buena gente, utilizan a la policía antidisturbios. Aquí me pregunto: ¿cómo (lleva acento porque como dice mi amigo Perico Pan, puede continuarse con «cojones») puede ser que alguien se convierta en policía, para apalear a sus conciudadanos por manifestarse por sus derechos y protestar contra la injusticia y la corrupción? Mi repuesta inmediata es: porque es una cuestión de condición. Son como son; se es o no se es. Nadie puede invocar la obediencia debida para ejercer violencia y agredir los Derechos Humanos.

Y con estas nos topamos con la justicia, no se si con mayúscula o sin ella. La sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, condena al juez Elpidio José Silva a 17 años de inhabilitación, que conlleva su separación de la judicatura. El juez ha sido condenado por un delito que no existe en el Código Penal, según el voto particular del propio Presidente de la Sala que condena. El juez, dicen, prevaricó por mandar a la cárcel a Miguel Blesa. Conocido como ex director de la quebrada —que el quebró— Caja Madrid, amigo en la intimidad de José Maria Aznar, furibundo cazador de hipopótamos y otras grandes piezas y entregador de tarjetas «black», con cargo a las cuentas publicas, a los consejeros institucionales, políticos, empresariales, sindicales y otra gente de bien vivir nuestra costa. Amigo Elpidio, si esto es el reflejo de la justicia que tenemos, la «j» la escribo en minúscula.

La Justicia tiene que ser grandeza y corren malos tiempos para ella. Pocas instancias públicas, personalidades o instituciones se salvan. Desde la persona del rey padre, su familia, miembros del Consejo General del Poder Judicial, presidentes y consejeros de Comunidades Autónomas, alcaldes y concejales, políticos en particular, directivos de bancos y empresarios quebrados —reflejo de lo que Rajoy quería como modelo—, están investigados, imputados o condenados, muy pocos en prisión condenados. Tendría que instaurarse la justicia popular y no me refiero exactamente a la de la guillotina francesa de 1789, sino la que haga justicia con «J» alta.

Lamentablemente no se ejerce, ni se utiliza la misma vara de medir para unos que para otros. Ya lo tengo dicho y ustedes lo saben bien: ni las leyes son iguales para todos ni la justicia se aplica a todos por igual ni es justicia todo lo que parece ser o reluce. El poder es el poder y tiene sus privilegios. El poder hace la ley y quien hace la ley hace la trampa. Tienen el poder de la interpretación para su beneficio. Unos salen de la cárcel tras pagar millonarias fianzas y otros entran por manifestarse por sus derechos apaleados. Algunos poderosos ni entran ni se les investiga ni se les condena. De la justicia divina a la justicia social; de la justicia para unos a la justicia para todos; de la justicia para todos a la justicia según el poder que ejercen. No hay justicia social.

La Justicia es lo que dice la mayoría de los miembros de un tribunal que es, después de considerar la razón que te asiste y demostrar que la tienes. Difícil cuestión. Mientras tanto, la razón política es lo que dice la mayoría absoluta parlamentaria —cuasi totalitaria—, que no representa a la mayoría social. La democracia, no es solo el poder parlamentario, es la palabra de la soberanía en la calle y en otros espacios y hoy por hoy dice, que lo que ocurre en los parlamentos, está muy alejado de lo que el pueblo siente. Yo no luché para esto, pero es lo que hay, está mal hecho y consentido.

No solo es la justicia y la sanidad, también la educación, la economía y los derechos andan por los suelos; ahora sometidos al ébola y siempre al despropósito gubernamental. Para mantenerse en el poder y ocultar sus ineptitudes, si ello les beneficia, estos provida, son capaces de «eutanasiar» al perro, a su dueña y al más pintado de los honestos y decentes ciudadanos. Prefiero siempre un buen perro amigo, que a un mal gobernante canalla, Peligro: el gobierno no protege, mato.

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Víctor Arrogante
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