Fue un 29
de marzo de 1956, hace sesenta y tres años; cuando Juan Carlos, con
18 años, mató de un disparo a su hermano Alfonso de 14. Disparo con
un revólver de calibre 22. Eran los hijos de Juan de Borbón (hijo de
Alfonso XIII) y de María de las Mercedes de Borbón. El niño
fallecido era uno de los potenciales herederos de la dinastía real
de España. Alfonsito era el preferido de la familia, divertido,
inteligente y más simpático que su hermano.
El 29 de marzo, jueves santo, después de una
misa en la iglesia de San Antonio de Estoril, la familia regresó a
casa. "A
las ocho y media de la noche, el coche del médico de la familia, el
doctor Joaquín Abreu Loureiro, paró en seco a las puertas de Villa
Giralda". Según se supo, habían
estado en el cuarto de juegos, en el primer piso de la casa,
entretenidos en tirar al blanco con un pequeño revólver. El
comunicado oficial distribuido por la Embajada de España en Lisboa
decía: "Mientras su Alteza el Infante Alfonso limpiaba un revólver
aquella noche con su hermano, se disparó un tiro que le alcanzó la
frente y le mató en pocos minutos". Más tarde se cambiaría la
versión.
La decisión de silenciar los detalles fue
adoptada personalmente por Franco, según describe Paul Preston (Don
Juan Carlos. El Rey de un pueblo). A la censura se sumaron los
nobles de España que regularmente visitaban Estoril, así como la
prensa de Portugal, sometida al dicdtador Salazar. Es un hecho
lamentable,
pero indispensable para demostrar el manto de
misterio y reserva sobre aquellos acontecimientos que puedan
perjudicar la imagen de Juan Carlos de Borbón.
Como siempre, la gran prensa española y el gobierno franquista
trataron de liberar de toda responsabilidad y acusación al elegido
por el Caudillo, pero los hechos saltaron la barrera de la
manipulación.
Pronto se revelaría que Juan Carlos había
matado a su hermano Alfonso, con su revólver calibre 22 que le había
regalado Francisco Franco. En la fecha de la tragedia el futuro Jefe
de Estado, cumplía un año de instrucción en la Academia General
Militar de Zaragoza. "Todo fue un accidente". La madre de Juan
Carlos y Alfonso, María de las Mercedes, dio a entender tiempo
después que Juan Carlos, jugando, había apuntado el arma hacia
Alfonsito y, sin saber que estaba cargada, apretó el gatillo.
El propio Juan Carlos confesó a un amigo
portugués, que había apretado el
gatillo sin saber que el arma estaba cargada, se disparó y la bala
rebotó en una de las paredes y alcanzó a Alfonsito en toda la cara.
Alfonso
recibió sepultura en el cementerio de Cascais al mediodía del sábado
31 de marzo de 1956. Juan Carlos asistió a la ceremonia vestido con
el uniforme de oficial cadete de Zaragoza. Incapaz de soportar la
presencia de su hijo mayor, Juan de Borbón, le ordenó que volviera a
la Academia Militar. El general Martínez Campos y el comandante
Emilio García Conde se habían presentado con un avión militar
español, en el que el Príncipe fue devuelto a Zaragoza.
Una Long Automatic Star que Juan de Borbón
guardó bajo llave. Creyendo que estaba descargada, María de las
Mercedes, permitió que jugasen con la pistola ante la insistencia de
los niños. Jaime, hermano de Juan de Borbón y tío de Juan Carlos y
Alfonso, exigió, en su calidad de jefe de la Casa de Borbón, que se
abriera una investigación al respecto para depurar la
responsabilidad del príncipe Juan Carlos, al considerar que tal
suceso podía afectar a la línea sucesoria, que no se llegó a
realizar. Amadeo Martínez Inglés en Las mentiras de la monarquía
española, deja
entrever que Don Juan dudaba de que el disparo no hubiera sido
intencionado, al tiempo que revela
que ni hubo acta de defunción ni la policía se personó en Villa
Giralda
Juan Carlos, por primera vez, habló de su
hermano
en el documental Yo, Juan Carlos, Rey de
España, emitido por la televisión
francesa. Uno de los momentos más emotivos recordó a su hermano.
"Ahora lo echo mucho de menos. Me gustaría tenerlo a mi lado. Yo le
quería mucho y él a mí". El accidente también fue objeto de
recreación dramática en El Rey,
repaso biográfico a la vida de Don Juan
Carlos. Patrick Criado, encargado
de darle vida en su infancia, protagonizaba la dura escena, también
impensable en la televisión de otros tiempos. De hecho, cuando se
produjo el accidente, la prensa española de la época lo abordó de
puntillas.
Un disparo accidental provocó la muerte de
Alfonso.
Juan Carlos rompió en lágrimas al ver a su
hermano abatido por una bala. No se
hizo autopsia ni tampoco se abrió ningún tipo de investigación. Era
sábado en Estoril y los dos hermanos estaban solos en la sala de
juegos de la mansión para hacer algunos disparos contra un blanco
circular de colores brillantes. De repente, Alfonsito recibió un
disparo. El arma estaba en manos de su hermano Juan Carlos. "La
única bala que contenía, entró limpiamente por uno de los orificios
de la nariz". El padre intentó reanimarlo sin éxito.
Lo cubrió con una bandera española que arrancó
de su mástil, después obligar a Juan Carlos a que, puesto de
rodillas, jurara que había sido un accidente.
La
noticia fue silenciada por el régimen del dictador, que mantenía a
los Borbones lejos de España, también por la prensa portuguesa,
sometida a la dictadura del general Salazar. Los nobles de España,
monárquicos de corazón, callaron en torno al misterio. Resultaba tan
duro reconocer la verdad, aceptar que aquello había sido "un
accidente", que todos se afanaron en cubrir el episodio con un
piadoso y espeso manto de silencio. Juan de Borbón perdía un hijo
adolescente y nunca recibió el pésame del dictador. Comentando la
tragedia con un monárquico, Franco dijo sin compasión: "A la gente
no le gustan los príncipes con mala suerte".
Todo
cabe, incluso la versión del accidente; lo cierto es que Juan
Carlos de Borbón fue autor de un acto grave de irresponsabilidad.
Como alumno de la Academia Militar de Zaragoza, tenía conocimiento
de armas y con 18 años de edad, se supone que sentido común; pese a
todo practicó un juego macabro que mató a su hermano.
Alfonso
yació olvidado durante años en el cementerio portugués de Cascáis.
Su cuerpo fue trasladado al Monasterio de El Escorial en 1992. Hoy,
Juan Carlos es el único testigo vivo de la misteriosa tragedia.