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Asistimos
a una
crisis
política
sin
precedentes
en la
que se
suceden
a
mayor
velocidad
que
nunca
acontecimientos
imprevistos.
La
política
se ha
desordenado
y ha
provocado
la
emergencia
de
partidos
de
antiestablishment
más
que de
populistas.
Ignacio
Sánchez-Cuenca
sostiene
que
vivimos
una
crisis
de
representación
política
producida
porque
los
partidos
y los
medios
de
comunicación
han
dejado
de
ejercer
su
tradicional
papel
de
intermediadores.
Los
sistemas
políticos
están
en una
especie
de
punto
de
inflexión
(Mónica
Andrade,
CTXT).
Sánchez-Cuenca,
en su
libro
El
desorden
de la
política,
mantiene
que
estamos
ante
una
crisis
de
representación,
pero
que, a
diferencia
de los
años
30, la
democracia
no
corre
peligro.
Afirma
que se
trata
de una
crisis
de
representación
global,
que
coincide
con
participaciones
récord
en las
elecciones
de
algunos
países
latinoamericanos,
en las
últimas
de
Estados
Unidos
o
incluso
las
últimas
autonómicas
de
Madrid.
En
España
hay
asuntos
como
la
monarquía
que
los
partidos
tradicionales
han
relegado
de sus
agendas
a
pesar
de que
hay un
debate
en
algunos
sectores
de la
ciudadanía
y esto
se
produce
por
colusión
o
porque
los
medios
de
comunicación
lo han
silenciado.
El
Reino
Unido
ha
dicho
que el
rey no
es
inviolable
en sus
asuntos
privados.
Pero
no
parece
que
eso
haya
afectado
mucho
al
discurso
general
en
España.
En
España
los
jueces
no han
querido
interpretar
así la
Constitución.
Lo
lógico
habría
sido
limitar
la
inviolabilidad
del
rey a
los
actos
debidos,
es
decir,
a los
actos
que él
realiza
en su
condición
de
jefe
de
Estado.
Los
actos
que
lleva
a cabo
como
particular
no
pueden
ser
impunes
en una
democracia.
Jueces,
políticos
y
medios
han
formado
un
bloque
en
defensa
de la
monarquía
que es
prácticamente
indestructible.
La
tesis
central
del
libro
es que
las
instancias
clásicas
de
intermediación
política
(partidos
y
medios)
atraviesan
una
crisis
profunda
de
credibilidad.
Los
partidos
agregan,
filtran
y
priorizan
las
demandas
sociales.
Los
medios,
por su
parte,
organizan
el
debate
público
y
proporcionan
los
elementos
con
los
que
evaluar
a
gobiernos
y
partidos.
Si
fallan
partidos
y
medios,
si la
gente
no
confía
en
ellos,
la
política
se
desordena,
se
sale
de su
cauce
habitual. |